Los adolecentes necesitan ritos de paso para aliviar su transición a la edad adulta

Lamentablemente, algunos jóvenes se unen a pandillas. Tenemos que idear un ritual para ayudarlos a superar esta difícil transición.

Una enigmática organización llamada A Band of Brothers (Una Banda de Hermanos) se ha puesto en contacto conmigo. Tratan de proporcionar “ritos de paso” a jóvenes alienados -a menudo involucrados en pandillas- con la ayuda de tutores, hombres, separándolos de la comunidad durante un tiempo, infundíéndoles confianza y promoviendo el uso de la inteligencia emocional. Esto es una tarea realmente urgente. Como dice el sitio web: “Si los fuegos innatos que arden en el interior de los jóvenes no son añadidos intencionalmente y con amor dentro de la comunidad, incendiarán las estructuras culturales.”

Yo sólo tengo hijas, pero esto no es sólo una cuestión del sexo masculino. Los hombres pueden unirse a las pandillas, pero la violencia que las chicas practican hacia ellas mismas en la adolescencia -por ejemplo con los daños auto-infligidos o los trastornos alimenticios- son igualmente problemáticos. Tampoco existen ritos de pasaje seculares en las familias de las niñas para, por ejemplo, marcar sus primeras menstruaciones, o los signos de madurez física en los niños. Sin embargo, esta idea de marcar el paso de niño a adulto, aparece en todas las culturas a lo largo de la historia. A pesar de que la comunidad secular tiene poco que ofrecer al alma en transición, la necesidad de ayuda no ha desaparecido. Simplemente se ha convertido en algo privado en vez de público.

Antiguamente, para los niños, había una separación de la comunidad, una transición y una reincorporación. Habrían sido sometidos a pruebas en las que la valentía y la resistencia serían  probadas – quizás a través de cicatrizes superficiales, marcas rituales o siendo enviados a pasar tiempo solos a la naturaleza.

En épocas mas recientes, los niños eran enviados al servicio militar. Mi padre a menudo me decía que él entró a la marina aun siendo un niño, de 16 años, y salió, dos años más tarde, convertido en un hombre. Siempre estuvo agradecido por este reclutamiento forzado; desde luego, nunca tuvo ningún problema en pensarse a sí mismo como un hombre después de ello.

En algunas sociedades más tradicionales, el rito de iniciación para las niñas consiste en  la separación de la comunidad masculina por un período de tiempo, donde ser guiadas por las mujeres sabias de la comunidad; también podría implicar la brutalidad de la mutilación genital, un acto de violación personal que -tan sólo ahora- es interpretada como una clara forma de abuso.

No estoy sugiriendo de manera alguna que volvamos a esas tradiciones. Aparte de la violencia característica de algunos de estos ritos, nuestra sociedad es demasiado individualista, demasiado desligada – no existe suficiente consenso acerca de cuales son los valores que debemos transmitir a nuestros hijos.

A pesar de esto, todavía existen algunos ritos de transición. Mi hija Eva, de 11 años, acaba de terminar la primaria y empieza la secundaria; esto está claramente marcado – con la adopción de un uniforme, el tener que encontrar su propio camino a la escuela y así sucesivamente-. Del mismo modo, mis dos hijas mayores están ahora en la universidad y este cambio lo marcó la búsqueda de su propio espacio para vivir. Podrán  haber  exámenes de conducción o la obtención de certificados. Pero lo singular es que estas cosas suceden sin convertirse en un ritual social.

A falta de estos rituales, los jóvenes han tomado esta  tarea en sus propias manos. En un extremo, las adolescentes prueban su fertilidad quedando embarazadas, los jóvenes demuestran su hombría en la violencia habitual entre pandillas, actos vandálicos y lindando con lo abusurdo (como el balconing) . Ambos sexos son responsables de caracterizarse a sí mismos, con su ropa, con las formas de escarificación que utilizan (tatuajes o piercings) y otras.

No podemos dar vuelta atrás al reloj. Pero la necesidad fundamental de tener nuestros ritos de transición marcados en nuestras vidas no pueden borrar. Sucumbiendo en tinte de la civilización, difuminando la línea entre lo masculino y lo femenino tanto como nos parezca conveniente, estos impulsos permanecen con nosotros y necesitan ser abordados de alguna manera – no sólo a nivel privado, sino también a un nivel más amplio y responsable. A Band of Brothers ha demostrado que hay maneras de reducir la violencia entre los niños. Tal vez una “Sociedad de Hermanas” podría recortar las tasas de embarazo en la adolescencia, las autolesiones y la anorexia.

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