¡Yo creo en el poder de la natura!

“Mi mejor experiencia fue el solo. Pasas una noche completamente solo en la montaña y por primera vez pude ver el sol amaneciendo. Fue para mí un momento de pasar página,”
Mohamed Ramy, 17 años, de Egipto.
Mohamed fue tocado por la experiencia de pasar 12 horas en la naturaleza a solas durante el verano. Vive en Cairo y como muchos jóvenes de su edad, la naturaleza es algo distante y desconocido. Sin embargo pasar tiempo a solas en la naturaleza no es nada nuevo. A lo largo de la historia esta práctica ha sido utilizada como un rito de pasaje para enfrentarse con las transiciones de la vida: de adolescente a adulto, de adulto a padre o incluso prepararse para la muerte. Ahora, con más de 50% del planeta viviendo en ciudades, el tiempo en la naturaleza ha quedado no sólo inaccesible sino hemos llegado a tener miedo de ello. Los niños ya no saben cómo hacer fuego, qué plantas se pueden comer del bosque, ni cómo vivir sin el móvil.
Esta falta de conexión con el entorno natural está considerada como una enfermedad más de la sociedad contemporánea (como la obesidad y el estrés) e incluso ya tiene nombre: “el síndrome de déficit de naturaleza.” Este fenómeno tiene implicaciones ecológicas y psicológicas. Por un lado vivir sin una conexión vital a la naturaleza, es fácil sentirse separada de ella y por lo tanto amarla y cuidarla nos queda aún más lejos. Por otro lado, como personas sociales, el estar híper-conectadas con los demás (en España miramos el móvil un promedio de 150 veces al día) nos ha alejado de la conexión con nosotras mismas, de poder parar y responder a las gran preguntas sobre nuestras vidas: ¿qué quiero ser de mayor? ¿cuál es el propósito de mi vida, y cómo puedo ser útil a los demás?
Pasar tiempo a solas en la naturaleza nos ofrece una oportunidad de silencio, de reflexión y espacio que necesitamos para que surjan las respuestas a nuestras dudas interiores, además de provocar una profunda sensación de paz y comprensión de nosotras mismas.
Hoy en día surgen varias propuestas para hacer más accesible el contacto con la naturaleza para los jóvenes. Los motivos son varios: quitarles el miedo, inspirar un contacto y respeto por nuestro entorno y los demás y, sobre todo, vivir un proceso de transformación personal que podría llegar a mejorar su capacidad de asimilar nuevos conocimientos y su bienestar en general. Según un estudio reciente sobre el síndrome de déficit de naturaleza, los niños con acceso regular llegan a tener un aumento de hasta un 27% en su capacidad de estudiar, su auto-estima y su comportamiento.
Un gran reto para estos procesos de transformación es la comunidad de apoyo que sostenga el proceso una vez vuelta a casa, ayudando a la integración de una vida más sana, más conectada con una misma y más respetuosa con nuestro entorno. Sin este apoyo Mohamed fácilmente volvería a Cairo (y a Facebook) y su proceso de pasar página quedaría en el tintero.

Heloise Buckland
Directora de Programa,
Avalon Sustainability School

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